Drogas: moda o modo de acabarte la vida

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Hay algunos jóvenes que asumen el consumo de pastillas con bebidas alcohólicas, conocidas también como drogas alternativas, como una cuestión de moda, de ser aceptado por el grupo y de probarse. Reproduciendo en muchos casos los modelos de “súper héroes” adictos que presentan determinados productos audiovisuales; sin darse cuenta que con la primera vez se ponen en el borde del abismo.

Ese es el caso de Yunier, que no es su nombre verdadero, pero su historia es cien por ciento real, tanto que le duele recordarla. Es uno de esos muchachos que las tabletas le puso la vida de cabeza. Cuando yo tenía como 18 o 20 años vivía solo y lejos de mis padres. En el barrio habían varios muchachos de la calle, que no trabajan ni estudiaban, vaya delincuentes como aquel que dice, y yo andaba con ellos. Con ese grupo comenzó todo.

Consumía las pastillas en mi casa, cuando íbamos a hacer algo malo y no tenía valor suficiente, en el parque y en las fiestas. Llegué a hacerlo todos los días.

Cuando tomaba no sentía cuando me hablaban, perdía la conciencia, me daba por fajarme, contestaba en mala forma, maltrataba a mis padres y me ponía torpe para expresarme y hacer las cosas. Me quedé muchas veces tirado por allí, en la calle, en un banco o en un portal.

Después que se me pasaba un poco las buscaba de nuevo. Vendí casi todas mis cosas, incluyendo mis ropas, un par de zapatos de mi hermano y una bicicleta para poder comprarlas. Mi mamá lloraba mucho pero no podía dejar de consumir.

Hice muchas locuras de las cuales no quiero ni acordarme. En una ocasión cogí una pata de cabra y me metí en una casa, el hombre me cogió y le tiré un ladrillo y un cuchillo. Todo eso drogado. No me metieron preso porque el señor conocía a mi papá. Tengo mucha suerte de no estar en una cárcel porque hubiese sido el fin.

Por el barrio todo el mundo me dio la espalda. Me rechazaban porque decían que yo era un drogadicto y un ladrón. Sentía que cuando llegaba a un lugar, la gente se iba. Es doloroso ver que todos te dan la espalda, que eres el patico feo.

Empecé a zafarme poco a poco cuando comencé a trabajar. También me dio miedo tener una enfermedad de transmisión sexual porque yo me “empataba” con cualquier mujer de esas por allí y tenía relaciones sin protección. Estuve como dos años chequeándome, por suerte dio negativo. Nunca busqué ayuda.

De las drogas es muy difícil salirse. La recaída siempre está cerca. Yo mismo hace como tres meses volví a consumir. No creo que los médicos puedan curarme, porque uno no se puede aguantar.

Conozco unos cuántos jóvenes que consumen, sobre todo en barrios marginales, como se dice. Se empastillan en las fiestas casi siempre. Yo le aconsejaría a los chamas” que no lo intenten, que después es casi imposible dejarlo y te empuja a hacer cosas que uno no quiere. Que no lo hagan, ni siquiera un día por embullo.

Yo no soy el de antes, tengo 25 años y un pequeño. Creo mucho en Dios y le pido que me ayude por mí y por mi hijo. Cuando abrazo a mi niño siento que todo lo malo se me va.


Muchacha, es imposible seguir en silencio

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Es imposible estar en silencio cuando sé que no es completamente feliz, aunque haya mucha gente que no entiende o que, peor aún, piensan que a ella le gustan los maltratos de su esposo.

Él al principio era dulce, amantísimo, súper detallista, al punto de convertirse en el mejor hombre que había conocido. Entonces no puede creerse que la misma persona que la conquistó sea esa bestia que se rebeló con los celos, la persecución, los gritos, las malas palabras, las ofensas. Continuar leyendo


El “chivero” azabache de Esmeralda

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Tilín, tilín… suena una y otra vez la campanita que acompaña al pequeño coche tirado por un chivo, de esos que se usan desde hace muchos años para pasear a los niños de los barrios camagüeyanos. “Pepe”, gritan varios de los pequeños que andan por el paseo de Esmeralda al ver pasar el carromato; entonces el conductor les devuelve un saludo afectuoso y continúa el paseo, convertido en ritual cotidiano para los pobladores de ese municipio.

A mí nadie me llama Noriel, solo las personas más allegadas; el resto, los más chicos o los adultos me dicen Pepe, que es el nombre del animal”. Abrió así la conversación Noriel Solano Osorio, el “chivero” azabache.

Qué me iba a imaginar yo que trabajaría con niños y menos que me gustaría tanto. Eso es para que vea las sorpresas que le guarda a uno la vida. Tengo el duodécimo grado y he trabajado en varios lugares, tanto con el estado como particular, pero aquí me quedo porque me gusta y siento que es mi sitio.

Desde hace tres años estoy en esto. Me reconforta la confianza que depositan en mí los padres de los pequeños y las muestras de cariños que me dan mis “clientes”.

Como pasajeras en ese momento andan Solange Cabrera y Mélani García, quienes no lo dejaron mentir. “ Escribidora- me dice Mélani- para que sepa, Pepe es mi tío”. No es difícil de entender la cercanía conque me hablan de él pues el mismo Noriel acota:

Yo los quiero mucho y comparto con ellos muchas veces la merienda. Hasta me piden a veces que les compre Pelly. Si puedo lo hago y se los doy para que lo compartan. Eso sí, no pueden ser egoístas.

Salgo dos veces al día, por la mañana en el paseo y por la tarde voy a los barrios. Hago una programación para llegar hasta la mayor cantidad de ellos en la semana . Tengo alrededor de ocho: Barrio Viejo, 8 de Octubre, La Margarita y La Hortaliza, entre otros. A muchos de los niños los recojo en la casa y me los llevo casi toda la tarde.

La vuelta es a dos pesos, pero yo ajusto los precios en dependencia de las posibilidades de la familia, y si el niño se baja rápido casi nunca le cobro”.

Solano Osorio me cuenta orgulloso de sus andanzas con el cuadrúpedo. “ Con él he viajado muchísimo. Conozco varios municipios de Ciego de Ávila y voy siempre a Camagüey para el San Juan infantil. Allá trabajo en el Casino Campestre”.

  • ¿Cómo se trasladan?, indago.

Siempre viajamos en tren. El requisito que ponen es llevarlo en una jaula. Yo lo que hago es que subo primero el coche y monto a Pepe dentro de él y al cerrar la puerta me queda como una jaula. Así vamos juntos para donde sea.

Lo cuido como a gallo fino. De comida le doy pienso, pan, miel de purga y lo pastoreo por la tarde para que coma hierba”, confesó.

Mientras camino al ritmo del chivo, voy conversando con Noriel. Orgulloso me enseña y saluda a los padres de “sus” niños, como él mismo dice. Recorrí así varias veces el paseo al lado de uno de los personajes más populares hoy en Esmeralda. Tilín, tilín… no dejó de sonar en ningún momento la campanita de los Pepes.


Desde el campo también se forja Cuba

Fotos: Otilio Rivero Delgado

Muchas de las personas que viven en las ciudades no son capaces de imaginar que existan pedacitos de Cuba como El Jobo, en el municipio camagüeyano de Najasa, donde hay una escuelita de madera con puertas grandotas que dejan entrar la luz y el aire puro del campo; donde los niños van solitos en sus caballos y hay un jardín de helechos; donde hay diez escolares de edades diferentes en un aula amplia y limpia y una maestra que llegó un día desde lejos y no se fue más.

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A Orlinda Téllez Figueredo la conocimos una mañana de este diciembre. Los años han pasado desde que en 1992 se aproximó a esos parajes como parte del contingente de educadores Lázaro Alfredo Molina. “Yo soy de Camagüey, de La Guernica. Estuve albergada aquí al lado, en un cuartico que no existe, pero ya me compré mi propia casa. Hace 22 años trabajo aquí, me jubilé y me reincorporé. Mi familia se quedó allá y mis hijos vienen a veces a visitarme”.

Ella trató de explicar cómo logra enseñar a la vez a todos los pioneros: dos de primero, tres de segundo, dos de tercero y tres de cuarto. ¡Ah! y los de preescolar dispersos, que en tres frecuencias van a la escuela multigrado. La veo hablarles a todos de efemérides y manejar con destreza la tiza blanca que se desliza sobre el pizarrón para dejar las lecciones de cada uno. Yo solo logro entender que no debe ser tarea fácil y que vale mucho lo que hace esta mujer.

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“La escuelita me la he cogido —asegura Orlinda—, aquí tenemos computadora, televisor y grabadora, y todo funciona. Los pequeños tienen dos sesiones de clases, porque los padres no aprobaron quedarnos con una sola. Los que viven muy lejos, que son la mayoría, traen su almuerzo en un pozuelito y los otros van a su casa”.

Aunque en el centro el comején anda haciendo de las suyas y las tablas están muy malitas, no habla de eso. Me muestra el área de los exploradores y las matas de ciruela, mango, cereza, frijol… que ha sembrado junto con sus alumnos. “Cuando el ajo porro crece en el huerto, les confecciono macitos para que los lleven a casa. Hay que enseñarles el amor a la tierra, porque alguien tiene que producir alimentos.

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“También tengo un círculo de interés pedagógico, que les gusta mucho. Llevo un trabajo arduo porque hace falta formar maestros y mucho más en esta área rural. De mis alumnos hay como seis o siete que son pedagogos; por ejemplo Osmel, Barbarita y Taimé. Pero no es fácil porque los primeros que no los motivan —baja la voz y casi me susurra— son los padres, quienes les dicen: “¡Maestro, tú estás loco!”’.

Asegura que mucho ha aprendido del lugar y su gente. “Me ha aportado en todos los sentidos, sobre todo conocimientos, porque yo no sabía lo que era trabajar en una zona rural. Cuando estaba en Camagüey decía: voy a ir al monte para ver si esos muchachitos de allá se parecen a los de aquí.

“Ya sé que no son iguales, son más cariñosos y se desviven por mí. Quiero que sepa que cuando comencé en este lugar había niños que se quedaban a dormir conmigo, uno diario, para que no estuviera sola. He logrado mucho apoyo de los padres, de la cooperativa Rafael Guerra Vives, y la comunidad se porta muy bien.

“Aquí estaré mientras tenga fuerzas y pueda ayudar en lo que es el proceso docente-educativo. Yo siento que mis niños son felices. Usted misma ve cómo se desenvuelven”.

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Y qué bueno que la maestra estará allí, porque si se va, como dice una de sus discípulas de menos edad, Idisleidy: “yo me voy detrás de ella”.

Milena, Yusleini, Delenis, Yaniri, Ania, José Carlos, Ermidel, Dairon y Dainer, aseguran quererla mucho. También a los otros maestros que van a su escuelita: Gisel, la instructora de arte; Willian, el de Educación Física; y a José Luis, el de Computación.

Cuando se escriba la historia de la escuela rural Pedro Marrero, de Najasa, y de la comunidad El Jobo, Orlinda tendrá un lugar en esas líneas, como ya lo tiene en el mismo corazón de la comunidad. Esa maestra, desde el más humilde anonimato, demuestra cada día cómo desde el campo también se forja un país.

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Solo a veces…

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A veces solo a veces nacen en mi vida días grises como hoy. Entonces no tengo ganas de mucho o de nada. Solo se me antoja encontrarte cuando vaya a terminar la tarde y que me regales una sonrisa, un abrazo de esos altos y tibios que me obligan a ponerme en puntillas; que me beses en la frente y después en los labios; que miremos esas planticas que han ido creciendo junto con este amor; que choquemos las tasas antes del sorbo de café… Hoy ha sido un día gris… así casi por gusto. Se que cuando llegues, aunque sea de noche, saldrá el sol. No te me demores amor que aquí te estoy esperando.


El soñado reencuentro #LosCincoenCasa FOTOS

Fotos de Estudio Revolución

Los cinco Héroes de la República de Cuba ya están en la Patria

Los cinco Héroes de la República de Cuba ya están en la Patria

Fraternal encuentro con Raúl Castro

Fraternal encuentro con Raúl Castro

El beso de Adriana y Gerardo

El beso de Adriana y Gerardo


Un día simplemente feliz

imáges de Gerardo Hernández y Adriana Péres, capturadas de la TV

imáges de Gerardo Hernández y Adriana Péres, capturadas de la TV

Primero fue un rumor. Mi colega María Delys compartió en la redacción de Adelante que al contratista norteamericano Alan Gross se le había puesto en libertad y que Ramón, Gerardo y Antonio volverían inmediatamente a casa. Al inicio no lo creí, cómo hacerlo cuando tanta información falsa circula por ahí. Después comentaron la convocatoria de Raúl, quien comparecería a las 12 meridiano y haría referencia a las relaciones de Estados Unidos y Cuba.

La mañana fue una locura, twtter fungió como fuente principal. Unos decían que era pura especulación, otros que los cinco llegarían a la Patria. Lo vi en la red social de René, después lo confirmo por Telesur Cristina Fernández y luego en su alocución, Raúl ratificó que los tres Héroes de la República de Cuba habían llegado en el horario de la mañana.

Todos, o casi todos, estábamos frente al televisor, o de lado, para ver la transmisión y twtear al unísono. Sonaron los aplausos, las rizas espontáneas, las caras de asombro, los abrazos, alegría no fue lo que faltó. Y más, cuando se anunció que los gobiernos cubano y norteamericano restablecerían relaciones diplomáticas.

Yo pensé en su familia y también en Fidel, imagino que como toda la isla. Me sonaban en la cabeza aquella promesa realizada por el Comandante en el 2001 y que no pocos habían dejado de creer en ella.

Fueron buenas nuevas también el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la Mayor de las Antillas y Estados Unidos y todo lo que en materia económica pueden aportar las negociaciones al desarrollo económico de la nación.

Vi a la gente tirarse a la calle sin que se lo orientaran, solo llevados por el impulso de la emoción. Algunas personas enviaron sms, llamaron por teléfono, dieron una voz al vecino de al lado para que no se perdieran la noticia. Y hasta se dieron unos tragos o encendieron una vela para festejar.

Simplemente un día feliz e histórico. Las imágenes de la llegada a la isla se reservaron para el noticiero nacional de la televisión. Se me salieron las lágrimas, también mi madre y mi padre, cuando los vimos descender del avión, primero Antonio, después a Ramón, y de último a Gerardo.

Lloramos de alegría al ver el abrazo de Tonito a su padre, la mirada de Mirta a su nene, el beso apasionado de Elizabet y Ramón, la caricia tierna del Gera y Adriana, el amor de todo su hijos y del pueblo. Que bueno que están en casa, no puede decirse más que eso; que bueno que ya los 16 años de prisión arbitraria quedaron en el pasado, que bueno que al fin llegó el día de la Justicia.


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