Archivo mensual: marzo 2015

Muchacha, es imposible seguir en silencio

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Es imposible estar en silencio cuando sé que no es completamente feliz, aunque haya mucha gente que no entiende o que, peor aún, piensan que a ella le gustan los maltratos de su esposo.

Él al principio era dulce, amantísimo, súper detallista, al punto de convertirse en el mejor hombre que había conocido. Entonces no puede creerse que la misma persona que la conquistó sea esa bestia que se rebeló con los celos, la persecución, los gritos, las malas palabras, las ofensas. Continuar leyendo


El “chivero” azabache de Esmeralda

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Tilín, tilín… suena una y otra vez la campanita que acompaña al pequeño coche tirado por un chivo, de esos que se usan desde hace muchos años para pasear a los niños de los barrios camagüeyanos. “Pepe”, gritan varios de los pequeños que andan por el paseo de Esmeralda al ver pasar el carromato; entonces el conductor les devuelve un saludo afectuoso y continúa el paseo, convertido en ritual cotidiano para los pobladores de ese municipio.

A mí nadie me llama Noriel, solo las personas más allegadas; el resto, los más chicos o los adultos me dicen Pepe, que es el nombre del animal”. Abrió así la conversación Noriel Solano Osorio, el “chivero” azabache.

Qué me iba a imaginar yo que trabajaría con niños y menos que me gustaría tanto. Eso es para que vea las sorpresas que le guarda a uno la vida. Tengo el duodécimo grado y he trabajado en varios lugares, tanto con el estado como particular, pero aquí me quedo porque me gusta y siento que es mi sitio.

Desde hace tres años estoy en esto. Me reconforta la confianza que depositan en mí los padres de los pequeños y las muestras de cariños que me dan mis “clientes”.

Como pasajeras en ese momento andan Solange Cabrera y Mélani García, quienes no lo dejaron mentir. “ Escribidora- me dice Mélani- para que sepa, Pepe es mi tío”. No es difícil de entender la cercanía conque me hablan de él pues el mismo Noriel acota:

Yo los quiero mucho y comparto con ellos muchas veces la merienda. Hasta me piden a veces que les compre Pelly. Si puedo lo hago y se los doy para que lo compartan. Eso sí, no pueden ser egoístas.

Salgo dos veces al día, por la mañana en el paseo y por la tarde voy a los barrios. Hago una programación para llegar hasta la mayor cantidad de ellos en la semana . Tengo alrededor de ocho: Barrio Viejo, 8 de Octubre, La Margarita y La Hortaliza, entre otros. A muchos de los niños los recojo en la casa y me los llevo casi toda la tarde.

La vuelta es a dos pesos, pero yo ajusto los precios en dependencia de las posibilidades de la familia, y si el niño se baja rápido casi nunca le cobro”.

Solano Osorio me cuenta orgulloso de sus andanzas con el cuadrúpedo. “ Con él he viajado muchísimo. Conozco varios municipios de Ciego de Ávila y voy siempre a Camagüey para el San Juan infantil. Allá trabajo en el Casino Campestre”.

  • ¿Cómo se trasladan?, indago.

Siempre viajamos en tren. El requisito que ponen es llevarlo en una jaula. Yo lo que hago es que subo primero el coche y monto a Pepe dentro de él y al cerrar la puerta me queda como una jaula. Así vamos juntos para donde sea.

Lo cuido como a gallo fino. De comida le doy pienso, pan, miel de purga y lo pastoreo por la tarde para que coma hierba”, confesó.

Mientras camino al ritmo del chivo, voy conversando con Noriel. Orgulloso me enseña y saluda a los padres de “sus” niños, como él mismo dice. Recorrí así varias veces el paseo al lado de uno de los personajes más populares hoy en Esmeralda. Tilín, tilín… no dejó de sonar en ningún momento la campanita de los Pepes.


Desde el campo también se forja Cuba

Fotos: Otilio Rivero Delgado

Muchas de las personas que viven en las ciudades no son capaces de imaginar que existan pedacitos de Cuba como El Jobo, en el municipio camagüeyano de Najasa, donde hay una escuelita de madera con puertas grandotas que dejan entrar la luz y el aire puro del campo; donde los niños van solitos en sus caballos y hay un jardín de helechos; donde hay diez escolares de edades diferentes en un aula amplia y limpia y una maestra que llegó un día desde lejos y no se fue más.

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A Orlinda Téllez Figueredo la conocimos una mañana de este diciembre. Los años han pasado desde que en 1992 se aproximó a esos parajes como parte del contingente de educadores Lázaro Alfredo Molina. “Yo soy de Camagüey, de La Guernica. Estuve albergada aquí al lado, en un cuartico que no existe, pero ya me compré mi propia casa. Hace 22 años trabajo aquí, me jubilé y me reincorporé. Mi familia se quedó allá y mis hijos vienen a veces a visitarme”.

Ella trató de explicar cómo logra enseñar a la vez a todos los pioneros: dos de primero, tres de segundo, dos de tercero y tres de cuarto. ¡Ah! y los de preescolar dispersos, que en tres frecuencias van a la escuela multigrado. La veo hablarles a todos de efemérides y manejar con destreza la tiza blanca que se desliza sobre el pizarrón para dejar las lecciones de cada uno. Yo solo logro entender que no debe ser tarea fácil y que vale mucho lo que hace esta mujer.

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“La escuelita me la he cogido —asegura Orlinda—, aquí tenemos computadora, televisor y grabadora, y todo funciona. Los pequeños tienen dos sesiones de clases, porque los padres no aprobaron quedarnos con una sola. Los que viven muy lejos, que son la mayoría, traen su almuerzo en un pozuelito y los otros van a su casa”.

Aunque en el centro el comején anda haciendo de las suyas y las tablas están muy malitas, no habla de eso. Me muestra el área de los exploradores y las matas de ciruela, mango, cereza, frijol… que ha sembrado junto con sus alumnos. “Cuando el ajo porro crece en el huerto, les confecciono macitos para que los lleven a casa. Hay que enseñarles el amor a la tierra, porque alguien tiene que producir alimentos.

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“También tengo un círculo de interés pedagógico, que les gusta mucho. Llevo un trabajo arduo porque hace falta formar maestros y mucho más en esta área rural. De mis alumnos hay como seis o siete que son pedagogos; por ejemplo Osmel, Barbarita y Taimé. Pero no es fácil porque los primeros que no los motivan —baja la voz y casi me susurra— son los padres, quienes les dicen: “¡Maestro, tú estás loco!”’.

Asegura que mucho ha aprendido del lugar y su gente. “Me ha aportado en todos los sentidos, sobre todo conocimientos, porque yo no sabía lo que era trabajar en una zona rural. Cuando estaba en Camagüey decía: voy a ir al monte para ver si esos muchachitos de allá se parecen a los de aquí.

“Ya sé que no son iguales, son más cariñosos y se desviven por mí. Quiero que sepa que cuando comencé en este lugar había niños que se quedaban a dormir conmigo, uno diario, para que no estuviera sola. He logrado mucho apoyo de los padres, de la cooperativa Rafael Guerra Vives, y la comunidad se porta muy bien.

“Aquí estaré mientras tenga fuerzas y pueda ayudar en lo que es el proceso docente-educativo. Yo siento que mis niños son felices. Usted misma ve cómo se desenvuelven”.

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Y qué bueno que la maestra estará allí, porque si se va, como dice una de sus discípulas de menos edad, Idisleidy: “yo me voy detrás de ella”.

Milena, Yusleini, Delenis, Yaniri, Ania, José Carlos, Ermidel, Dairon y Dainer, aseguran quererla mucho. También a los otros maestros que van a su escuelita: Gisel, la instructora de arte; Willian, el de Educación Física; y a José Luis, el de Computación.

Cuando se escriba la historia de la escuela rural Pedro Marrero, de Najasa, y de la comunidad El Jobo, Orlinda tendrá un lugar en esas líneas, como ya lo tiene en el mismo corazón de la comunidad. Esa maestra, desde el más humilde anonimato, demuestra cada día cómo desde el campo también se forja un país.

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Solo a veces…

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A veces solo a veces nacen en mi vida días grises como hoy. Entonces no tengo ganas de mucho o de nada. Solo se me antoja encontrarte cuando vaya a terminar la tarde y que me regales una sonrisa, un abrazo de esos altos y tibios que me obligan a ponerme en puntillas; que me beses en la frente y después en los labios; que miremos esas planticas que han ido creciendo junto con este amor; que choquemos las tasas antes del sorbo de café… Hoy ha sido un día gris… así casi por gusto. Se que cuando llegues, aunque sea de noche, saldrá el sol. No te me demores amor que aquí te estoy esperando.